Si bien las duchas calientes diarias pueden resultar refrescantes, pueden ser más perjudiciales que beneficiosas para la piel madura. El agua caliente y el jabón eliminan activamente la delicada capa lipídica protectora de la piel.
Esto puede dar lugar a lo siguiente:
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Aumento de la sequedad y el picor: La falta de aceites naturales provoca que la piel se sienta tirante, escamosa y con picor.
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Enrojecimiento e irritación: La piel se vuelve más propensa a la inflamación.
Limpiador suave para la piel -
Un microbioma alterado: El lavado frecuente puede perturbar el equilibrio natural de la flora cutánea, compuesta por bacterias “buenas” que representan la primera línea de defensa contra las infecciones.
La frecuencia ideal de la ducha
Para la mayoría de las personas mayores, ducharse de 2 a 3 veces por semana es suficiente para mantener una buena higiene sin dañar la piel.
Esta recomendación, avalada por dermatólogos, ayuda a mantener la hidratación natural de la piel y su barrera protectora. Los días que no te duches, basta con lavarte la cara, las axilas y la zona íntima con una esponja para sentirte fresca.